Complejo y peculiar

En la piel de un disciplinado consejero del “nuevo Londres” en la nueva serie distópica “Un mundo feliz”, el actor británico Harry Lloyd, recordado por su papel de Viserys Targaryen en “Juego de Tronos”, siente gran interés por los personajes extraños: “Me gustan los raros, poder jugar con hacerlos humanos, complejos, peculiares”.

La trayectoria de Harry Lloyd no comienza con ese personaje del universo de George R. R. Martin, el autor de las novelas en que se basa “Juego de Tronos”. Aunque es cierto que participar en una serie como esa da alas para que una carrera despegue, Lloyd ya llevaba años ante las cámaras y los teatros británicos.

Viserys Targaryen le daría cierto reconocimiento mundial, pero sus “particulares” interpretaciones dan cuenta de su talento fuera del mundo de los dragones.

Dio vida al joven Denis Thatcher en “La dama de hierro” (2011), al chistoso amigo de Stephen Hawking en “La teoría del todo” (2014) o al mítico Charles Xavier (“X-men”) en la serie “Legion”, entre otros.

Quizá, a estas alturas de su carrera, le faltaba la oportunidad de asumir un papel protagonista en una gran producción. Una circunstancia que ahora, en este extraño 2020, le llega con “Un mundo feliz” (“Brave New World”), la nueva serie (que Starzplay estrena hoy) basada en la novela homónima de 1932 de Aldoux Huxley.

Su nuevo papel

El británico interpreta a un personaje particular, Bernard Marx, de esos que a él le gustan, “raro”. Bernard, un inflexible y disciplinado consejero, vive en la burbuja del aparentemente utópico “nuevo Londres”, donde la sociedad, despojada de tener privacidad, de una familia y de ser monógama (las tres reglas del lugar), es (aparentemente) feliz.

Esa perfección aparente genera un halo de oscuridad y extrañeza que atrajo a Lloyd al instante: “Cuando leí los dos primeros episodios, me parecieron brillantes y, siendo sincero, no sabía cómo algo tan increíble, ingenioso y aparentemente caro podría filmarse”.

“Desde el día uno quise formar parte del proyecto. La serie es especial desde el principio”, apunta Lloyd. Explica que el punto fuerte de una ficción, que consigue no diluirse entre otros tantos proyectos sobre un futuro distópico, es su secuencia inicial.

“La pantalla en negro, el no decirte la fecha exacta en la que ocurre, el lema de ‘Todo el mundo es feliz’ y esa música ridículamente animada hace que el espectador piense que algo no cuadra y busque entre la multitud a quien no está feliz”, argumenta.

La serie, por distópica, controvertida y enrevesada, se convierte en espejo de nuestra propia realidad: “En un mundo en el que el mundo está conectado de esa manera, cuando tú desconectas todo se vuelve muy solitario, oscuro. Te sientes totalmente fuera de lugar, como Bernard”, apunta el actor.

Una paradoja

Es como aquel juego de encontrar el objeto diferente en una secuencia de elementos idénticos. Así es, efectivamente, la paradoja de “Un mundo feliz”, en la que Harry Lloyd comparte protagonismo con Alden Ehrenreich (“Han Solo: una historia de Star Wars”) y Jessica Brown Findlay (“Harlots”), quienes se convierten en las ovejas negras de un rebaño de humanos con perfil robotizado, que dependen de un fármaco en forma de caramelo para ser feliz.

Configuración

“Así es como está configurada la serie. No todo el mundo puede ser feliz todo el tiempo y los creadores saben que el público lo va a percibir desde el primer momento. Creo que es un gran inicio y muy buen vehículo para ir de esa idea utópica que muestra a la distopía que realmente es”, plantea el actor. EFE / Yucatan.com.mx