Arranca la Berlinale

La 71a. Berlinale arrancó con “Memory Box”, sobre la guerra del Líbano y la primera revelación entre las 15 aspirantes a los Osos de un festival virtual que desafía los obstáculos impuestos por el Covid-19 al sector del cine.

La pregunta de cómo presentar una película en estos tiempos planeará inevitablemente sobre el que, de acuerdo con el calendario, es el primero de los grandes festivales europeos.

El tándem libanés formado por Joana Hadjithomas y Khalid Joreige lo resuelve con un fascinante rompecabezas entre recuerdos ocultos y el presente, alrededor del conflicto al que, en 2008, se habían consagrado ya en “Quiero ver”, con Catherine Deneuve.

Componen su filme miles de imágenes captadas en los 80 con la polaroid o un último carrete que nunca se llevó a revelar. Ahí están también viejas cintas de casete o cuadernos en papel, que toman nueva vida y se ensamblan con archivos de imagen y audio, captados con el Iphone y compartidos por WhatsApp o Instagram.

La “Memory Box” se abre cuando una adolescente, Alex (Paloma Vauthier) ve llegar a su casa de Montreal un paquete enorme, dirigido a su madre (Rim Turki). Son los miles de cartas, fotos, etc, dirigidos desde Beirut a la amiga con quien prometió compartir todos sus secretos, mientras el Líbano quedaba envuelto en bombas.

“Memory Box” es, como siempre en esta pareja de cineastas, una película muy personal.

En esta edición del festival, no hay pases ni encuentros con la prensa. Se espera que en el verano se pueda celebrar el festival presencial abierto al público.

Ronda latina

El cineasta mexicano Carlos Alfonso Corral abrió la ronda de cineastas latinoamericanos de la 71a. edición de la Berlinale con “Dirty Feathers”,un documental incluido en la sección Panorama.

“Puede que un día te reciban con amor, porque están de buena onda, y que al siguiente no te quieran ni hablar. O te gritan. Todo eso está en mi película”, explicó en entrevista el cineasta, nacido en 1989 entre El Paso (Estados Unidos) y Ciudad Juárez (México) y afincado en Los Ángeles, California.

Tan fronterizos como el origen del cineasta son los sentimientos de empatía o rechazo que, admite, pueden cruzarse ante su filme, una coproducción estadounidense-mexicana.

Lo que mueve a este director es el ansia de transmitir “sus sueños, sus esperanzas”, mostrar que “gente sin hogar no significa gente sin dignidad”. EFE / Yucatan.com.mx